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ciudad oculta
INFELICES
50
PESOS
Ángela Jiménez Castaño
Trabajadora social. Jefe Sección ciudad
Oculta publiensayos
Colombia.
ajimenez@publiensayos.com
Infelices 50 pesos?, esa es la frase despectiva con
que nos referimos a la insignificante monedita de 50 pesos colombianos, es
la mas pequeña de todas las denominaciones de nuestro manejo económico es
la mas delgada, la de menos valor, la que no reciben ni los limosneros ni
los pelaos que limpian los vidrios de los carros en las esquinas de la
ciudad. Ni mi hijo Carlos a quien le fui a dar el menudito que me quedaba
en la cartera y contó hasta mil quinientos pesos y se iba contento, pero
yo buscando mas al fondo de la cartera toque algo y lo llame hey, hey, acá
hay 50 pesos mas, volteó, me miro y me dijo: “50 infelices pesos? No Ma’
vótalos…” Esto habría pasado desapercibido para mi, pues los muchachos
siempre están dándonos respuestas que nos dejan atónitos o que simplemente
no les paramos bolas por su contenido, pero no, esto se me hizo actual e
interesante solo a unos días de haberlo escuchado de boca de mi hijo, por
lo siguiente:
Yo acostumbro tomar bus para hacer mis diligencias. En Barranquilla está
estipulado que algunas rutas de buses, creo que por ser carros más
antiguos, cobren en semana $950 y los domingos y festivos $ 1.050; bueno
los señores conductores en semana nunca tienen vuelto para el pasajero y
de frente se te quedan con el vuelto que además casi nadie reclama, por
ser infelices 50 pesos, de allí la frase popular de “roba vueltos“, y los
domingos y festivos empieza el problema, ellos pretenden que todos los
pasajeros tengan a la mano los $1.050 y por lo general esto no pasa pues
la insignificante monedita que desechamos en semana y regalamos sin dolor
por su valor, ese domingo en la mañana, como me pasó a mí, desearíamos
tenerla como el tesoro mas preciado. Cuento lo que me pasó:
El domingo se me ocurrió salir de mi casa a las seis de la mañana pues
amanecí con deseos de ir a misa y no hacer desayuno; entonces pensé,
cuando salga de misa, en la Torcoroma, compro unos fritos en la frutera y
asunto arreglado; así fue, salí de mi casa y tomé un bus en la esquina.
Allí empezó el problema pues solo tenía de menudo un billete de $1.000 y
uno de $20.000 para comprar lo del desayuno, y el conductor me reclamaba
los “50 infelices pesos” que yo no tenía. Entonces le dije: señor si
quiere me da vueltos de este billete de $20.000, a lo que con una mirada
vidriosa del conductor, mi mamá que está a mas de mil quinientos
kilómetros de acá se tubo que haber despertado, y entonces me ordenó entre
murmullos inentendibles que pasara el torniquete; yo lo pasé y me senté
sin dejar de mirar al conductor que estaba afrontando el mismo problema
con los demás pasajeros que se subían al bus y el se debatía en un
torbellino de rabia e impotencia, pues él tampoco tenía suficiente menudo
para dar los vueltos a todos los pasajeros; entonces le tocaba: tragarse
su rabia, o no dejar subir a nadie a cambio de no tener en la noche lo
suficiente para hacer su tarifa ante su patrón. Entonces resolvió dejarnos
subir, claro está, corriéndonos mentalmente la madre a todos y después de
este ejercicio acogió lo mas sano y equitativo: tomar del dinero que en la
semana le excede de todos los vueltos que no da y ajustar el dinero que le
reporte el numero de pasajeros pasados por el torniquete, para así no
tener que hacer un recorrido de ruta en plena soledad pues los domingos
baja el numero de pasajeros.
Moraleja: A las cosas como a las personas no podemos valorarlas por su
tamaño o apariencia, pues uno nunca sabe en que momento las vamos a
necesitar y nos van a ser de gran ayuda, así sea como en este caso para
que no nos corran la madre colectivamente. Amen.
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