ISSN-1900 396X                   

                                                                                                                  Agosto de 2005 - Año no. 3 - Edición no. 15               

 

 

 

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ciudad oculta

 

INFELICES 50 PESOS

 

Ángela Jiménez Castaño
Trabajadora social. Jefe Sección ciudad Oculta publiensayos

Colombia. ajimenez@publiensayos.com
 

Infelices 50 pesos?, esa es la frase despectiva con que nos referimos a la insignificante monedita de 50 pesos colombianos, es la mas pequeña de todas las denominaciones de nuestro manejo económico es la mas delgada, la de menos valor, la que no reciben ni los limosneros ni los pelaos que limpian los vidrios de los carros en las esquinas de la ciudad. Ni mi hijo Carlos a quien le fui a dar el menudito que me quedaba en la cartera y contó hasta mil quinientos pesos y se iba contento, pero yo buscando mas al fondo de la cartera toque algo y lo llame hey, hey, acá hay 50 pesos mas, volteó, me miro y me dijo: “50 infelices pesos? No Ma’ vótalos…” Esto habría pasado desapercibido para mi, pues los muchachos siempre están dándonos respuestas que nos dejan atónitos o que simplemente no les paramos bolas por su contenido, pero no, esto se me hizo actual e interesante solo a unos días de haberlo escuchado de boca de mi hijo, por lo siguiente:

Yo acostumbro tomar bus para hacer mis diligencias. En Barranquilla está estipulado que algunas rutas de buses, creo que por ser carros más antiguos, cobren en semana $950 y los domingos y festivos $ 1.050; bueno los señores conductores en semana nunca tienen vuelto para el pasajero y de frente se te quedan con el vuelto que además casi nadie reclama, por ser infelices 50 pesos, de allí la frase popular de “roba vueltos“, y los domingos y festivos empieza el problema, ellos pretenden que todos los pasajeros tengan a la mano los $1.050 y por lo general esto no pasa pues la insignificante monedita que desechamos en semana y regalamos sin dolor por su valor, ese domingo en la mañana, como me pasó a mí, desearíamos tenerla como el tesoro mas preciado. Cuento lo que me pasó:

El domingo se me ocurrió salir de mi casa a las seis de la mañana pues amanecí con deseos de ir a misa y no hacer desayuno; entonces pensé, cuando salga de misa, en la Torcoroma, compro unos fritos en la frutera y asunto arreglado; así fue, salí de mi casa y tomé un bus en la esquina. Allí empezó el problema pues solo tenía de menudo un billete de $1.000 y uno de $20.000 para comprar lo del desayuno, y el conductor me reclamaba los “50 infelices pesos” que yo no tenía. Entonces le dije: señor si quiere me da vueltos de este billete de $20.000, a lo que con una mirada vidriosa del conductor, mi mamá que está a mas de mil quinientos kilómetros de acá se tubo que haber despertado, y entonces me ordenó entre murmullos inentendibles que pasara el torniquete; yo lo pasé y me senté sin dejar de mirar al conductor que estaba afrontando el mismo problema con los demás pasajeros que se subían al bus y el se debatía en un torbellino de rabia e impotencia, pues él tampoco tenía suficiente menudo para dar los vueltos a todos los pasajeros; entonces le tocaba: tragarse su rabia, o no dejar subir a nadie a cambio de no tener en la noche lo suficiente para hacer su tarifa ante su patrón. Entonces resolvió dejarnos subir, claro está, corriéndonos mentalmente la madre a todos y después de este ejercicio acogió lo mas sano y equitativo: tomar del dinero que en la semana le excede de todos los vueltos que no da y ajustar el dinero que le reporte el numero de pasajeros pasados por el torniquete, para así no tener que hacer un recorrido de ruta en plena soledad pues los domingos baja el numero de pasajeros.

Moraleja: A las cosas como a las personas no podemos valorarlas por su tamaño o apariencia, pues uno nunca sabe en que momento las vamos a necesitar y nos van a ser de gran ayuda, así sea como en este caso para que no nos corran la madre colectivamente. Amen.
 

 

 

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Actualizado el: 13 de julio de 2006

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