ISSN-1900 396X                   

                                                                                                                  Agosto de 2005 - Año no. 3 - Edición no. 15               

 

 

 

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ciudad oculta

 

Los Altares de Plástico

Centros Comerciales, Consumismo y Evasión

 

Julio César Iglesias
Estudiante ingeniería industrial. Colaborador Sección Literaria Publiensayos
.

Colombia.

 

En las calles, camino al centro comercial, el paisaje urbano sufre una transformación evidente, del oriente polvoroso, al sur ordenado y fresco, un transito que hago cotidianamente, esta vez con la obligación de narrarlo, de sentirlo un poco más, poetizarlo, y finalmente matizarlo con un poco de rigurosidad periodística.

Pero no sólo el paisaje cambia en este recorrido, también lo hace la gente, sus caras, su mirada, su apariencia, incluso los carros son distintos, son dos ciudades, una que pretende acercarse al primer mundo y otra que encuentra sus raíces en medio de la pobreza, buscando referentes externos, en otros ghettos, en los excluidos de otras urbes. La primera la encuentro en el centro comercial, la segunda habrá que buscarla en las calles.

ADVERTENCIA

En la entrada se lee un aviso: “Por la comodidad de nuestros clientes, se prohíbe la entrada de mascotas”, el espacio aséptico no permite el acceso a animales, está diseñado para los clientes, compradores potenciales, y la artificialidad impide que la naturaleza la intervenga de cualquier forma. Son los nuevos espacios de encuentro, lo que para los griegos fue el ágora y para nuestros abuelos la plaza, hoy son los centros comerciales; sus posibilidades parecen ilimitadas y sus funciones cada vez mas amplias, en ellos se trabaja, se divierte, se consume, se discute, se relaciona, la sociedad se concentra en ellos y parecen llamados a satisfacer todas nuestras necesidades.

LA MODA

Al visitante desprevenido debería sorprenderle la aparición de clones en los pasillos, seres uniformados, vestidos de la misma forma, con el mismo corte de pelo, los mismos colores, pero también las mismas actitudes, igual forma de hablar, comportamientos idénticos, al menos eso percibo en la lejanía; el mercado encuentra su equilibrio en la superación de las individualidades y la consecución de unas conductas de consumo idénticas, irónicamente la industria construye la sociedad a su medida, el persuasor oculto nos convence de lo que es necesario y justo, por supuesto si lo es para él.

Las jovencitas en los centros comerciales inician una carrera estética infernal, esforzándose por lucir más atractivas, lo que solo conduce a la depresión, la anorexia, la baja autoestima, inseguridad y una larga lista de patologías que comúnmente se encuentran en los adolescentes, competición absurda motivada por la imposición de cánones estéticos inalcanzables para la mayoría, la consecuencia de un afán comercial sin limitantes éticos.


SILICON VALLEY

Pero esa búsqueda de satisfacción interior, a través de la apariencia, no se reduce a la ropa, va mucho más lejos, interviene el cuerpo a través de cirugías. Con la esperanza de mutar, de dejar ser y convertirse en, negándose a sí mismo en el afán por encontrar algo mejor, socavando las ideas, el interior y privilegiando lo superficial, lo secundario. Cali es la capital de la cirugía estética, ejércitos de médicos se dedican a transformar gente, y sus resultados se pueden ver claramente (para mi gusto demasiado claramente) en los corredores del centro comercial, cuerpos artificiales, retocados, caras estiradas, ostentación y lujo trascendiendo los objetos e insertándose en los cuerpos mismos, lo que antaño fue para admiración y cuidado, ahora es laboratorio de experimentos y receptáculo de rellenos.

Algunos visitantes deciden comprar, la mayoría solo transita, “vitrinea”, comen un helado y montan al niño en un caballito mecánico. Los jóvenes se sientan a hablar, riéndose y burlándose, los viejos cansados también se apropian del espacio y tertulian sobre política, literatura, añorando al viejo Cali e intentando adaptarse al frenesí de los nuevos tiempos, donde todo se puede comprar y la diferencia radica en “cuánto tienes”, belleza, estatus, aprobación, lo que se necesita para ser feliz está al alcance del dinero.

El consumo no es la piedra filosofal de la felicidad, la satisfacción no se puede medir en pesos, ni el éxito en propiedades, una sociedad consumista no es la que resuelve las necesidades de sus integrantes, es la que siempre está dispuesta a crear nuevas necesidades. El centro comercial es el resumen de este tipo de sociedad, su éxtasis y la concreción de sus aspiraciones, la pregunta que debe plantearse es ¿realmente queremos eso?, no pretendiendo criticar al centro comercial como hecho concreto, sino a la cultura sobre la que fundamenta su existencia y la saturación que produce en las ciudades, en detrimento de otros espacios en los que se manifiesta la diversidad humana de la que tanto nos enorgullecernos. La pulcritud es la estética predominante, la estética de la exclusión, de la negación de la realidad, los centros comerciales son los nuevos templos, los depositarios de los nuevos dogmas, del fetichismo posmoderno, de ahí que su surgimiento y expansión en las urbes no signifique un simple cambio en las costumbres de los consumidores, sino la expresión más evidente de las nuevas escalas de valores, de las preocupaciones y las tensiones de la sociedad actual.

A las nueve ya no queda casi nadie, vendedores cerrando locales, parejas de novios deambulando, vigilantes prevenidos, y un muchacho escribiendo al que le ordenan salir de inmediato, quizá olvidó que también está prohibido pensar, ¿alguien sabe por qué?.

 

 

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Actualizado el: 13 de julio de 2006

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