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ISSN-1900 396X
Julio de 2006 - Año no. 3 - Edición no. 20 |
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filosofía
La negatividad de la libertad
El estudio de la nada sobre el ser es lo que nos llevará a la posibilidad de la libertad. Ya que sabemos de antemano, gracias a la temporalidad en la que estamos como incrustados y llevados y quizás por la trascendencia de nuestro puesto en el mundo que será considerada como la situación, que vemos que la figura del mundo cambia constantemente. Esto nos obliga a considerarnos los únicos responsables de la manera de ser de los existentes (y no de su ser) y hasta de su cualidad ontica. Ya que, cuando hacemos presas en el río, a manera simplemente de juego, violentamos al mundo desde su profunda naturalidad y como dice Sartre, desde su carne.
Por: Juan camilo Herrera (COL) Jefe Sección Filosofía PUBLIENSAYOS.COM
La reflexión de la nada nos ha llevado a considerar el ser bajo el punto de vista de la nada. Y esto no es que el ser sea engendrado por el pensamiento, como en Descartes, sino simplemente la máxima Merleau-Pontyana, el ser sin testigo no es posible. Hemos sabido que el ser sin la nada seria tan idéntico a si mismo y tan opaco, que ninguna consideración sobre él mismo seria valida, sino solo ese sordo testimonio da él mismo. Por ejemplo, en la conducta de la destrucción vemos, el ser que ahora es y podemos considerar el ser que fue, obviamente desde la nada. Lo que da para valorar el ser, y hasta justificar su cualidad, con respecto de la calidad sida y la que es ahora, como cuando estudiamos a la miseria, que degrada, que corroe casi siempre como un mal. La nueva tarea es considerar siempre el ser en función de la nada y la nada siempre arrojada hacia el ser. Esto es simplemente saber de antemano, que el ser está en el paisaje y que la nada está en el paisaje que ya no es como ayer y que hoy es así, según mi testimonio. También la nada será el paisaje no visto y el paisaje que quiero y que no es, dado que el paisaje es el paisaje tal cual es, es decir, en el modo del en-sí. Hay una unión ya dicha y presentida por Sartre, del en-sí y la nada. Siempre hay que partir de esto. La discusión que nos interesa es la libertad y por eso, siempre vamos a hacer uso de la nada aquí, en cuanto que no soy el paisaje y el paisaje es sí mismo.
El estudio de la nada sobre el ser es lo que nos llevará a la posibilidad de la libertad. Ya que sabemos de antemano, gracias a la temporalidad en la que estamos como incrustados y llevados y quizás por la trascendencia de nuestro puesto en el mundo que será considerada como la situación, que vemos que la figura del mundo cambia constantemente. Esto nos obliga a considerarnos los únicos responsables de la manera de ser de los existentes (y no de su ser) y hasta de su cualidad ontica. Ya que, cuando hacemos presas en el río, a manera simplemente de juego, violentamos al mundo desde su profunda naturalidad y como dice Sartre, desde su carne. (1) Y este cambio del ser, claramente es la nihilización creadora del Para-sí, ya que el En-sí, no puede salir jamás de si mismo. Por esto es que la acción, es justamente el escenario central de la libertad, en donde concluye este resquebrajamiento del en-sí y la nada, dado que el acto es un arrojarse a lo que no es desde lo que es. Como muy bien lo acuño sartre, actuar es modificar la figura del mundo, tomado al mundo como el en-sí que tiene como propiedad ser exactamente lo que es y al para-sí quien es el que se proyecta, se arranca del ser, como lo hemos visto por ejemplo en la conducta interrogativa, que es un ponerse fuera del ser para comprender cierto asunto. En esto hay que admitir con sartre que, en el acto la conciencia se retira del ser para abordar francamente la Nada. Y es que el fenómeno mismo del acto deja entrever la nada de punta a punta.
He tomado con la mano derecha este lapicero negro y lo he movido un poco hacia la derecha. He aquí lo que Sartre llama una doble Nihilización: ya que la posición inicial del lapicero es ahora una nada y mi intención de mover el lapicero era una nada, una proyección, un inexistente. Nos acercamos primeramente a la libertad, cuando consideramos que el lapicero no es el causante de que yo lo haya movido, ya que el ser no puede ser sino lo que es y como diría Sartre: lo que es no puede de por-si mismo determinar lo que no es (2). Quiere decir que ni el lapicero me dijo que lo moviera ni mucho menos me pudo haberme sugerido que lo cambiara de lugar, ya que lo que es no dejar de ser lo que es. La excusa de los deterministas que alegan contra la libertad, es que no encuentran donde esta el fundamento de la intención que me lleva a realizar el acto, no encuentran mas que al en-sí como un testigo mudo. Hay que aceptar estas excusas, pero es que efectivamente la intención no existe, siempre es una posibilidad, lo que existe es el lapicero y la derecha y la izquierda del lapicero, el mundo. La posibilidad de modificar la situación del lapicero no se halla por ningún lado, y es que hay que responderles que la nada no es. Por otro lado, el determinista quiere mostrar que la situación que ahora es, proviene de una situación anterior y argumentar que al final es efecto de esta; esperando eslabonar y esclavizar el cambio, el fin, para negar el acto, como en la causalidad. Pero hemos mostrado que el ser en sí no puede sino ser lo que es, y el lapicero allí postrado no es sino si mismo ahí en su posición, en su lugar, muy muy quieto, dotado de una eternidad que se parece a la de la muerte. Solo que hay que admitir, que para que la relación del para-sí con el en-sí no se vuelva la relación mágica de la res extensa con la res cogitans, que esa intención de la que hablamos solo puede existir en su realización. Es decir, que la libertad colma el acto y se agota en él y que el para-sí no puede ser sino en una carrera interminable contra el en-sí, es decir, que estamos allí. Puestos en un mundo, siendo un cuerpo que existe del mismo modo del mundo, pero que tiene la manera de ser de la nada.
La discusión por la libertad debe hacerse pues, en los verdaderos términos. Cierto que es en el objeto donde actúo. Pero hay que ver la nada, hay que notar que el objeto no es ya en su posición original cuando he actuado. Hay que ver que ese estado ideal modelo por el que fue cambiado el estado presente, no puede venir del estado presente, que siempre es sí mismo, no mas que estado presente. Por esto es que la nada es el verdadero reino de la libertad. El determinista quiere hacer saber que el acto es causado por la situación, quiere que cuando a alguien se le golpee responda con otro golpe. Pero hay la posibilidad de que el hombre golpeado sea un cobarde y no devuelva el golpe, de que vaya a por un arma etc. La libertad, se define primeramente por no hacer lo que el ser sugiere con su ofrecerse. Pero nos encontramos aquí, con una libertad negativa, que se consume a si misma, que no hace nada, que se disipa igual que la nada en tanto que nada. Es una libertad que no queremos, pero no podemos, como ha denunciado Sartre a la filosofía, esconder la negatividad. Así, la libertad se encuentra en y por la nada y es enteramente negativa. La libertad señala una ruptura entre la realidad humana y el mundo, y así lo ha dicho Sartre: Ser, para el para-sí, es nihilizar el ser en-sí que él es (3). Pero esto no es gratuito, si hubiera solo el ser, habría él mismo para siempre. El ser dicta su ofrecimiento mismo cuando se ofrece, y cada cosa se devela, al aparecerse. La situación, tomada como un estado de cosas, parece dotada de una inercia eterna. Pero las cosas cambian, se contradicen y esto no es posible sin la espontaneidad nihizadora del para sí, que dota de pertinencia a la situación, porque la considera desde fuera y para si mismo. De aquí tenemos que la espontaneidad de la voluntad del hombre, no viene sino de él mismo. No puede venir de un estado de cosas, ni mucho menos de una encomienda divina. Sino que es su ser mismo.
Hemos dicho hasta ahora, que la libertad es únicamente desde la nada, que es la negatividad del hombre. El determinista cuando alega en detrimento de la libertad, parece olvidar que esta vestido de cierta manera, que es dueño de cierta cultura, aunque este preso de cierta biología. Primero que todo, la libertad nos parecía un hacer nada, la libertad en la vida del hombre (que tiene un ser recibido, que no es el fundamento de su propio ser, que es situado arbitrariamente) parecía ser el suicidio, la completa aniquilación. Pero examinemos bien la noción de negatividad en cuestión de la libertad. Si estamos vestidos de cierta manera (de traje gris, chaleco y gabán negro), es porque no estamos vestidos de otra manera (ropa deportiva). Estar vestidos de esta manera es haber sido libre negativamente de las otras ropas. Ahora bien, si pudimos haber escogido otras ropas es porque fuimos libres de vestir estas. Fuera de cancelar la libertad, el determinista la esconde, mal comprendiendo la contingencia. La negatividad de lo que no hago, funda el hecho de que el estado de cosas no me constriñe. Y la negatividad de lo que hago, en el modo de que no hago otra cosa sino esa, deja ver que soy yo por el cual se hace mi situación y esto ha de ser enteramente por el proyecto existencial que yo haga. Porque es muy cierto que para la realidad humana, el mundo no es sino su trascendencia, no como garante del universo como en Berkeley o Descartes, sino que el mundo no deja de estar infestado, por mis posibles, por mi gana de el mundo. Es decir que soy el ser por el cual deviene al mundo el coeficiente de adversidad y todo esto en función de mi proyecto. Ya que si soy escritor, he elegido la situación de que tenga que leer los hermanos karamazov y no de procurarme mantener el ciclo vital. Fuera de esto, no tengo que ser deportista, dado que he elegido ser escritor. De este modo la libertad que se definía como un escapar a lo dado, a lo bruto Heidegeriano y al en-sí Sartreano, se viene a definir como un proyectarse hacia lo querido y para esto la situación no me constriñe desde afuera, sino desde adentro, dado que yo soy quien he elegido en que situación estoy, si rodeado de libros o rodeado de mujeres, y por esto, soy yo el que doy la adversidad a las cosas. Y francamente el que le da el carácter de mundo, en el sentido del mundo como mío, a este inexplicable paisaje en el que estoy cogido.
Estas reflexiones han resultado hermosas(4), han desbordado la libertad. Pero hay algo hemos olvidado consentidamente hasta ahora, el otro. La relación del para sí con el en sí son demasiado fáciles, además de una que otra angustia y vértigo que causa el peso del ser recibido. Si es por mí por quien el estado de cosas inerte que es el en-sí se torna en situación querida, proyectada y realizada en la facticidad del acto de estar en el mi mundo y hacer lo que quiero, es por el otro que esta situación vuelve a tornarse un estado de cosas con el cual tengo que luchar. Cierto es que el uso de mi cuerpo para mi situación de escritor es elegido por mi. Ser sedentario y gordo, no me interesa, ¡yo quiero escribir!. Pero cierto es que el otro puede cohibir esta relación, puede banalizar mi situación, puede modificar el coeficiente de adversidad que tengo sobre las cosas, al esconderme libros, al prohibirme, al encarcelarme, al rechazarme. Además de lidiar con mi negatividad y hacerme libre siempre, según mis actos, tengo que arrancar además la libertad que el otro me prohíbe, tengo que bajar la cabeza en cierto régimen, para que no me maten y poder seguir con mi proyecto fundamental de ser-en-el-mundo como escritor. El otro viene a ser la negación de mi negatividad y daña todo el paseo de la libertad. Soy libre de mi mismo y del mundo frente a otros. De ahí a que el otro pueda juzgarme de mala fe, según la forma en que yo acoja mi situación. El masoquista deja de ser feliz cuando el otro reconoce su mala fe, cuando denuncia su placer de indigno. La libertad se convierte en mala fe, únicamente en presencia del otro. Por el otro es que aprendo a mentirme a mi mismo, a enmascararme, en vez, de modificar al mundo y a mi mismo libremente. El estado de cosas, el en-sí deja de ser inerte cuando todos los días es cambiado, modificado por el otro. Ha de ser mi tarea, si quiero ser libre, arrebatar al otro el mundo que quiero y convertir aquel mundo para mí. Para ser libre en mi situación elegida, debo decirle a mamá que a mí no me importa que estudiar filosofía no de plata y luego estudiar filosofía para realizar mi proyecto fundamental de ser en el mundo como filósofo. Esto no tiene nada de pesimista, ni de negativo, como se le ha acusado a la concepción del otro en sartre. El otro, si no queremos caer en el solipsismo, no puede ser manejable, no puede ser ignorado, tiene que ser confrontado para que mi libertad tome valor y la suya también. El otro, tiene que ser como confrontación y como la obligación de afirmar mi libertad y la suya, si es que queremos estar en un plano de hombres. Es decir que, tenemos que ser responsables del otro, que el otro no signifique un impedimento para mi libertad sino la necesidad que tengo de afirmarla. Para establecer un humanismo y justificar al hombre, como poseedor del mundo.
El en-sí no puede cohibirme, la libertad antes lo corroe a él. El otro es la negatividad que me niega, entendido esto como un llamado a hacerme cargo de mi libertad. Debo pues escoger mi situación ante otros, proponer la adversidad de las cosas, según que el otro este presente y manipulando la abarcabilidad del mundo que quiero. Soy libre según modifico al en-sí que parece esperar pacientemente a que haga esto, porque este ni siquiera sugiere nada. Ser libre, es surgir, separase de los padres antes que de la fealdad del propio cuerpo, separarse de la cultura en que estoy inmerso, para tornarla en la cultura que quiero. Pero no hay que dejar que esta negatividad se ahogue a si misma, como claramente alegaba Merleau-Ponty a Sartre cuando decía que su obra era demasiado antitética. Sino que hay que volcarla hacia el exterior, de modo que surgir no sea la muerte o un desprendimiento total del ser, sino que sea un golpe al ser, que ya nos ha dado 2. Ser libre tiene que ser imponer la negatividad al orden irrisorio del mundo, a las prohibiciones arbitrarias del otro, para afirmarme. Para poder, como dijo Sartre, hacer algo de algo. Y ese algo ser por fin, el hombre.
______________ (1) El ser y la nada, 3 parte, Pág. 531 (2) El ser y la nada, 4 parte, Pág. 540 (3) El ser y la nada, 4 parte, Pág. 545 (4) En un sentido irónico claro esta y no de pretensión vanidosa, aunque no haya una profunda o escandalosa diferencia entre ambos. Ya que considero risible el drama determinista y de mucho valor el estudio de la libertad en fin de explicar la cierta alineación del hombre, como el central quehacer humano.
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