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ISSN-1900 396X
Julio de 2006 - Año no. 3 - Edición no. 20 |
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opinión
Conflicto Argentina - Uruguay por fabrica papelera
Por: Mario Romano (ARG) Especial para PUBLIENSAYOS.COM
Se fomenta con este conflicto el fin de las ideologías en Sudamérica y el comienzo del fin del Mercosur como entidad supranacional. No es nada nuevo. Tras la caída de la cortina de hierro en Europa desaparecen los bloques ideológicos (si es que verdaderamente existieron), mientras que en Sudamérica todavía se creía –hasta antes de ayer- en los políticos con ideología asumida y demostrable a través de simpatías verdaderas. Kirchner, un ex montonero de palabra (aunque, en tanto joven militante de izquierdas en el año 76, juntaba dólares “intramuros” por las dudas que viniese el comunismo); Tabaré Vazquez, un resultado electoral ampliamente deseado por los seguidores de Eduardo Galeano en la Banda Oriental.
El río de la plata, además de promisorio refugio de intelectuales a principios de siglo, es a comienzos del siglo veintiuno, una tierra fértil para transformar un simple asunto limítrofe (regulado por un tratado vetusto y centenario, acaso desempolvado por algún comedido funcionario de la gestión de Kirchner) en un conflicto que termina apoyado sobre el estrado para dirimir disputas de países bananeros de la Haya.
Y haya o no haya motivo para evitar suavizar los talantes, es evidente que la izquierda sudamericana -que, a la hora de suscitarse una trifulca que afecta los intereses particulares de dos países cuyos líderes, en su juventud revolucionaria, solían emborracharse leyendo a Marx- no existe. Y menos aún existe una consciencia supranacional, ni órganos del Mercosur con fuerza jurídica suficiente para resolver diferendos de dos de sus países miembros. Es risueño recordar lo unidos que solían mostrarse Kirchner y Tabaré Vazquez cuando asumieron sus –en teoría- gobiernos izquierdistas respectivos; es difícil no retrotraernos, con cierta nostalgia chabacana, a aquellos tiempos en que abundaban las fotos donde se exhibía la unión del liderazgo rioplatenese en los medios masivos de comunicación, mas el abrupto contacto con la realidad diaria los eyectó súbitamente de la imbecilidad mediática a la que los somete la política. Creo que han leído mal a Marx, quien sostenía que había que sociabilizar los intereses, mancomunarlos, para que las teorías no queden solamente escritas en papel, y papel vá, papel viene, los intereses personales de ambos prevalecieron sobre la doctrina que los embelesaba durante sus años mozos. ¡Qué mal o qué poca profundidad ha tenido la lectura juvenil de nuestros líderes actuales! Al final, papeleras sin papel o líderes que confunden sus papeles, este tema debería higienizar la consciencia ecológica de Kirchner o bien deseconomizar el materialismo dialéctico de Tabaré Vazquez, cuanto menos eso espero de dos seres que se precian de inteligentes.
En primer lugar, Kirchner no tiene un pelo de ecologista. El video que le acercó la gente de Greenpeace en el año 90 lo tiene aparcado en el olvido, así como el tratado limítrofe que acaba ahora de aplicar con excelente pulso político contra su ex-amigo y camarada Tabaré Vazquez. El halo izquierdista que rondaba –sin fundamento- la figura de ambos mandatarios se ha extinguido; en efecto, nadie les creyó nunca su remedado y frágil marketing zurdo. Tabaré Vazquez, sin dudas, se plegó a la anemia económica imperante en su tierra y recibió de buen grado la propuesta finlandesa de establecer una fábrica de celulosa que dará empleo a mucha gente que seguramente votó a Tabaré Vazquez porque él, en manera alguna, consentiría la instalación de una multinacional en suelo uruguayo. ¿El impacto ecológico? ¿Qué es la ecología?, se habrá preguntado Tabaré al rubricar el acuerdo con los fineses.-
Kirchner, que infravalora a Uruguay como socio del Mercosur, está muy ocupado (¿estará realmente?) tratando de resolver las asimetrías estructurales que tiene con Brasil; por eso quizás, se asocia con Chávez y Evo Morales, para que despegue de una vez la unidad sudamericana al propio tiempo que amura a Uruguay contra los designios de la Haya. ¿No es mejor reconocer que lo único que le importa a Kirchner de Uruguay es el Balneario de Punta del Este, en vez de venderse como un funcionario que predica la solidaridad para con los hermanos de Uruguay y ejerce simultáneamente la conveniencia personal a la hora de afrontar el primer contratiempo serio con los discípulos de Artigas? Kirchner –en un asado en la Quinta de Olivos– habrá calculado el nulo beneficio económico que le reportaría a la Argentina la instalación de la fábrica y habrá estimado oportuno aplicar el tratado que estipulaba que cualquier emprendimiento a instalarse indistintamente en cualquier margen del río debería hacerse de con el aval de ambos países. De paso, aprovechaba el pleito para darles trabajo a los piqueteros cortando las rutas de ingreso a Uruguay, adelantando así el carnaval de Gualeguaychú del año próximo y amigarse con los muchachos de Greenpeace, leer de una vez el libro que le dejaron en los años noventa, y transformar su prédica en favor de los derechos humanos por una prédica ecologista.
Tabaré Vazquez, que no usa computadoras porque le agrada hacer todo en papel, ha sido casi igual de inconsecuente que su vecino. Su plataforma electoral vapuleada por su izquierdismo de pacotilla, enrostra ahora un capitalismo empírico a flor de piel, mientras su fraternidad inicial con Kirchner se reedita como una alegoría de falsa hermandad, pues su verdadero interés (vamos a creer en algo) en reducir la tasa de desempleo de un país que estima que el impacto ambiental será algo mayor de lo que prevén los ingenieros de la empresa de capitales fineses. Tabaré no cree en el Mercosur. Ya lo ha dicho más con gestos que con palabras. Dejó hace tiempo de mirar de reojo los libros de Marx que descansan sin reproches en su biblioteca, para acoger con nula displicencia los merodeos de inversores norteamericanos que quieren sellar con el supuesto izquierdista un tratado de Libre Comercio. Espiando a Chile se puede aprender algo, debe pensar Tabaré.
Como colofón de todo esto,
los finlandeses cancelaron una visita agendada con Kirchner, alegando que
no es el momento propicio para reunirse con nuestro querido presidente. Es
muy probable que la falta de diplomacia de Kirchner le habría augurado al
canciller un verdadero disgusto, porque el presidente argentino no tolera
el disenso, ni mucho menos que le vengan a sermonear acerca de sus
decisiones definitivas en materia de ecología y medio ambiente. Es
interesante el asunto de las inversiones de los escandinavos en el cono
sur. Ellos tienen un impacto ecológico casi nulo en los alrededores de
Helsinki, y hacen sus reuniones de gabinete en baños sauna; ahora, se
ocupan con esmero de llenar de polución a los países desgarrados por la
pobreza y, en principio, países que no negocian según sus plataformas
electorales con las ETN (empresas transnacionales). Todo suena a que dime
lo que firmas y te diré lo mal que predicas.¢
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