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ISSN-1900 396X
Julio de 2006 - Año no. 3 - Edición no. 20 |
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política
El excandidato presidencial Horacio Serpa Uribe rompe su silencio a las críticas hechas por el periódico El Tiempo contra el Liberalismo.
Por: Horacio Serpa (COL) Especial para PUBLIENSAYOS.COM
El diario El Tiempo en su editorial del pasado martes fue pródigo en recomendaciones al Partido Liberal: “Debe construir un horizonte político propio y una propuesta social creíble”, lograr que esa propuesta sea “concreta y verosímil, con claro acento social”, mantenerse a prudente distancia del gobierno “sin rancharse en una oposición cerrada, ni aceptar cuota burocrática”, y “ante todo, definir un rumbo ideológico”.
El Tiempo en su inexplicable afán de orientar al Liberalismo le señaló abstenerse de representar “desde neoliberales de derecha hasta socialistas de izquierda”, “dejar de competir con el Polo Democrático en demostraciones de izquierdismo”, nunca suscribir “un pensamiento de izquierda estatista”, “todo ello sin populismo estatizante ni discursos en contra de la propiedad privada”.
Ah… y “apuntar al centro”, así “la franja centrista haya terminado por adelgazarse como si fuera la mantequilla de un emparedado”.
Pronunciamientos de esta naturaleza serían naturales en un diario que nació al abrigo de las luchas liberales. Incluso se entenderían en un medio imparcial que quisiera colaborarle espontáneamente a una colectividad que tantas cosas gratas ha hecho por Colombia.
Pero resulta que El Tiempo ya no es liberal, ni representa criterios liberales, ni ha acompañado al Partido Liberal en sus luchas políticas desde hace varios lustros, ni ha hecho cosa diferente en los últimos años que contribuir a sus derrotas electorales. Sus santos le han hecho milagros a otras causas, no a las nuestras, que son las del pueblo.
El Tiempo no es imparcial. Además de tener claros intereses económicos, apoyó con denuedo el malogrado gobierno de Pastrana, lo hizo con empeño en el primer mandato de Uribe y adhirió por editorial a su segunda campaña política. Además, dos de sus más conspicuos vástagos forman parte del sanedrín uribista. No en vano dicen que hay más santos en el gobierno que en el cielo.
El Tiempo no tiene autoridad ética ni política, para orientar a una organización de la que ha sido tan desafecto e ingrato.
El Tiempo actúa con desfachatez. So pretexto de darle lecciones, identifica al Liberalismo con causas que le son extrañas.
El Tiempo calumnia al Partido, no sabe su historia reciente y no conoció sus propuestas de campaña que fueron concretas y claras.
El Liberalismo sí tiene rumbo ideológico. Lo señaló por consulta popular en marzo de 2002 y lo ratificó en el último Congreso Liberal. Su orientación es progresista, de izquierda democrática, ceñida a los criterios de la socialdemocracia internacional.
El Liberalismo no tiene un pensamiento estatista, ni un discurso contra la propiedad privada. Representa una nueva izquierda, moderna, social, entendida con las nuevas realidades mundiales, humana y humanista, comprometida con la democracia y los derechos humanos, solidaria y participativa, siempre en busca de la convivencia y la paz.
Esta nueva izquierda liberal conoce las relaciones entre Estado y mercado, defiende la libertad de empresa pero reivindica su responsabilidad social, reconoce la propiedad como un derecho “que implica obligaciones”, propicia la inversión nacional y extranjera, impulsa el crecimiento económico y la distribución equitativa de los ingresos y propicia la inserción del país en la globalización con sanos criterios de competitividad y equidad.
Pero esta nueva izquierda que promueve el desarrollo tecnológico y busca ajustarse a las exigencias de la sociedad del conocimiento, no olvida sus compromisos con el pueblo. No podría hacerlo, pues el bienestar económico y social de la gente es lo que justifica la existencia del liberalismo colombiano.
Por eso no puede estar en el centro del espectro ideológico. Desde ese sitio de nadie y de todos, inoloro e insaboro, que está con Dios y con el diablo, no se logra la aplicación de la doctrina liberal, que es un compromiso social.
¿El tal editorial fue un
mandado político? ¿Una gestión oficiosa? ¿Solo fue el papel de un
chisguete? Vaya uno a saberlo. Lo que sí sé es que sin razón valedera se
metió en lo que no le ha importando por décadas. “Zapatero a tus zapatos”.
Sus consejos llegan a destiempo.¢
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