ISSN-1900 396X                   

                                                                                                                Julio de 2006 - Año no. 3 - Edición no. 20               

 

 

 

Contenido

 

 

inicio
editorial
opinión
política
economía

filosofía

ciudad oculta
literaria
eventos
quiénes somos
objetivos
misión
visión
reglamento de publicaciones
publicar
ediciones anteriores
contacto

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

literaria / cuento

 

Muro, Ventanal y Valgus

 

Adivinar puede parecer cuestión de sinsentido. Colocar la garganta fónica y acercarla con la mayor levedad posible al filo helado del puñal, sin barruntar, ante las negras costras de la impiedad, su cantar y su ladrido.
En el borde póstumo de un viejo y descuidado edificio del asfixiante centro de la ciudad, balanceaba con inexplicable equilibrio mi pálido y endeble cuerpo, sometido de forma mordaz, a la cadena negra de la congruencia, sujeto a un alambre delgado como representación posible de la compañía y el presente abandono. Total y complejamente decidido a descender, enumeraba las figuras grotescas de los negros residuos de la falta de inteligencia, antes de dar al concreto un sangriento y mortal beso. Las manchas fonopticamente activadas, movilizaban de forma repugnante su grotesco y parental cuello, mientras sus gigantescos y eolicos cráneos daban tumbos y tropiezos entre su aburrido concilio y su sentido propio de no serlo. Se estrellaban jocosamente en compases repetitivos e intrínsecamente monótonos, como orquesta malograda; músicos e instrumentos de lastimera calidad, que torturaban su tan anhelado arte, frente a un publico punteado e indivisible que ya no existe, frente a corbatas de negro cuero y serafines ciegos por sus pestañas. Alcanzo, tras el leve hastió que ha ocasionado en mi cuerpo la nausea y el ceremoniosamente entupido vaivén de los puntos negros, a contar mas de cien y ciento cincuenta mas que no recuerdo. Ante el grisáceo paisaje pierdo la noción continua de ser también una ónice descontinuada, y empiezo a sentirme brutalmente atraído por la piscina de cemento fresco que se compacta bajo mis pies; mortecina e incolora, de raudales negada y pulverización aguda de rojos cristales.
Entre los ventanales negros de la opacida construcción, el viento borda con sus lúgubres silbidos una tenue sinfonía de perlas tristes y plata ennegrecida, que penden como zarcillos de onix pulidos y esculpidos por la sombra muerta de Fidias, sobre las murallas invisibles de los oídos y las palabras perdidas en las moléculas del aire. Pronunciaba en un sentido muerto de la palabra mi olvidado nombre, mi indiferencia y repulsión proclamada a lo que bajo mis sesos se infucionaba lenta y disimuladamente como un terrible complot sonante hasta repetitivo e inservible durante décadas.
Escucho pasos en mi retaguardia, talvez sea algún bondadoso coterráneo que viene a darme la palmada final sobre la espalda, el ultimo y graciosamente único animo de toda mi vida. Los pasos continúan sonando, pero aun no siento la mano hacerme peso en el cuerpo, volteo la vista y encuentro en mi flanco ignorado a un repúgnate hombrecito catarrino de ridículas prendas. Con la boca abierta, pasando por entre una hendidura en sus dientes, una inmensa y bovina lengua rosada, la cual vierte sobre sus momificados labios, una especie de saliva espesa y amarillenta, balancea sus regordetes brazos en señal de despeje. Localiza la segunda ventana de la habitación y emprende una especie de vuelo sin alas, hacia el lienzo del descolorido óleo, plasmando sobre la grisácea tela, una insignificante mancha roja que aviva mis claras intenciones.
Tornando de nuevo mi atención sobre el vacuo espectáculo de la aglomeración craneal, halo rápidamente la cuerda que pasa por entre la polea, desciendo lentamente hasta el suelo y me uno puntual al vagido de los engendros.
Las cosas que uno suele ver cuando limpia ventanas...
 

 

Samael Vinoc
Colombiano

 

 

 

Comentarios                                        Escribe tu comentario

 

Suscríbete a publiensayos

Actualizado el: 13 de julio de 2006

Revista Publiensayos copyright © 2002-2005. DERECHOS RESERVADOS. Diseño y diagramación: ARTE DIGITAL. Escríbale al WEBMASTER