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ISSN-1900 396X
Julio de 2006 - Año no. 3 - Edición no. 20 |
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literaria / poesía
Cataclismos
El día se oscurece Y con él los colores dejan de serlo, Y las cosas se vuelven contra los seres, En un torbellino que comienza y termina en el infinito.
Si tuviera corazón, sino fuese un hueco, seguro podría abrir mis alas, y protegerme contra el ultravioleta de la noche. Pero no hay ángeles que me abriguen entre sus alas, Ni hombres lo suficiente estupidos. El muro solo caerá sobre mi cabeza, El crujido esclavizará al público restante, y veremos un nuevo nacimiento sin fruto, sino un vacío que no pretenderá llenarse.
Ahora todos podemos ir a las cimas de las montañas y tirarnos de cabeza pensando en que no hay mas que agujeros negros, Y ni más que cadáveres sonriendo, y cosas de las que se ríen.
No hay mejor consejo Salir corriendo, comprar todo lo necesario:
ojos, manos, un corazón, y un pulmón. Algo de
alimento; Es lo mejor, esto se va a poner feo, Y cuando las cabezas No vean venir el tren, Y la tierra llueva sin coordenadas, Mis ojos saltaran, para probar el sabor del asfalto, Y se trazará una línea, Que no marcará el horizonte sino que fijará el desde naciente, La destrucción al culmine.
Lucas Sanabria
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